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El períodico español analizó el encontronazo de la pandemia de COVID-19 así como otras cambiantes que llevan al país a la situación de hoy

El respetado diario El País de España elaboró un durísimo reporte sobre esta época, económica, política y popular de la Argentina, en el que analizan el encontronazo de la pandemia de COVID-19 así como otras cambiantes que llevan al país a la situación de hoy.

El artículo, que se titula «Argentina, la república en el alambre», hace hincapié en los pésimos indicadores económicos que aquejan al país, como la inflación, el desempleo, la pobreza, etc.

Además, poné énfasis en la lenta vacunación contra el COVID-19, en el medio de acusaciones de «corrupción e inoperancia» que hacen mella en la imagen del Gobierno de Alberto Fernández.

Duro reporte sobre la Argentina: «La república en el alambre», según El País de España

Este es el texto terminado del artículo

«El alambre es el enorme recurso argentino. Si una silla se rompe, la atamos con alambre. ¿Problemas con la cisterna? Ponemos un alambre. Techos, señales de tráfico, puertas, avisos o motores trabajan por medio de quien tuvo la ocurrencia de poner ahí un alambre. «Atar con alambre» es una metáfora muy argentina. Significa «escapar del paso sin bastante esfuerzo». La bendición del talento criollo. También su maldición. «Atar con alambre» se sintetiza en una palabra más contundente: chapuza.

La combinación de una pandemia con 80.000 muertos, hasta la actualidad, vacunación lenta y acusaciones de corrupción o inoperancia, pérdida de imagen del Gobierno por sus idas y sus vueltas, desempleo creciente, alta inflación, fábricas a medio gas, inmensas deudas públicas y privadas y 3 millones de nuevos pobres en el último período de tres meses, según datos de la Facultad Católica Argentina (UCA), exhibe los límites de la improvisación donde tantas ocasiones vive Argentina, sea cual sea el gobierno.

Cambios recurrentes de normas, de impuestos, de políticas, de organización, de condiciones o, sencillamente, de alambre. Hasta nuestro Presidente de la República respondía, a lo largo de una entrevista, con toda una declaración a la pregunta de por qué no había plan económico: «Los odio. Jamás se cumplen».

Una extendida cola de 19 millones de pobres multiplicados durante décadas representa hoy un 42% de la población argentina, según el Centro de Estadística y Censos (INDEC). Todo un golpe al alto ego nacional. La lupa transforma el porcentaje del INDEC en tragedia: en el cinturón de localidades que cubren la ciudad más importante, el llamado conurbano, la mitad o más de los vecinos es pobre, una cantidad que puede llegar a 5 miles de individuos. De cada 10 niños, 6 o 7 viven en la pobreza. Con ellos, la clase media camina también por un angosto alambre: el 75% de las familias está endeudado, según los datos del Banco Central.

Hay perdedores de los perdedores, los que por el momento no tienen ni un alambre para sujetarse. Como los 25 vecinos de Anfama, una aldea de montaña en Tucumán, que caminaron 12 horas por el lodo y bajo la lluvia para mover a Flora Balderrama, 80 años, paralizada por la picadura de un alacrán. Podía haber ido un helicóptero sanitario, pero no se encontraba en servicio. Podía haber ido una ambulancia, pero el sendero era inaccesible. En una región boscosa, húmeda y montañosa, nada se encontraba listo para la inclemencia del tiempo.

Eligieron construir una camilla con ramas, envolvieron a Flora en mantas y la ataron para que no se caiga. Caminaron a lo largo de 40 km hasta hallar, por fin, la ambulancia. Eso sí, en Argentina no hay final feliz: no había enfermeros ni médicos. Solo un chófer. «¿Por qué jamás hay un plan para asistirnos si nos pasa algo?» se preguntaba exhausto uno de los aldeanos. «En Anfama no hay médico más que una o dos ocasiones mensual. La escuela tiene wifi, pero queda apagado parte del día. Para estar comunicado hay que llamar a una base por radio y de ahí a un teléfono», cuenta Mariana Romero, una periodista que narró directamente la travesía.

«La caída de los últimos 50 años en nuestro país es auto infligida. No supimos conseguir seguridad institucional, con partidos políticos fuertes y consolidados, ni un modelo de avance consensuado», piensa Alfonso Prat-Gay, ministro de Economía en el previo gobierno de Mauricio Macri. «Nuestro PBI per cápita en este momento es el mismo que el de 1970», remata.

El 60% de la población piensa que la economía, su economía, irá a peor en los próximos meses y que no hay plan para el futuro, según una encuesta de mayo llevada a cabo por la consultora Management&Fit. En un análisis de la UADE (Universidad Argentina de la Empresa), entre las diez primeras expresiones para determinar el estado de ánimo, sólo dos eran positivas: optimismo o calma. El resto iba de mal en peor: desde mal humor a ansiedad, pasando por el decaimiento, la tristeza y mucha, mucha indecisión.

«Nos quedamos anclados en el ensoñación de lo que fuimos», dice Fabio Quetglas, diputado de la oposición y economista especializado desarrollandose. «No conseguimos suponer a la larga y el resultado es un país que no posee un plan para realizarse y administrar con sabiduría sus elementos».

«Argentina transporta más de 40 años sin comprender el planeta que nos circunda. Después de la crisis de 1929, se recuperó en dos o tres años, antes que USA. Había un plan. La Pampa fue el motor del avance y se integró al planeta. Había tecnología, normas de propiedad, genetistas para hacer mejor el ganado y una élite que había tocado fondo, que necesitó ajustarse. Duró décadas pero quebró con la crisis del petróleo en 1975″, enseña Quetglas.

El períodico español analizó el encontronazo de la pandemia así como otras cambiantes que llevan al país a la situación de hoy

En ese año precisamente llegó el señor Ávalos a Buenos Aires. Uno de los cientos de niños que emigraban desde el norte hacia la localidad de las promesas. Con su madre, encontró unos m2 de tierra, hicieron un techo y comenzaron a ofrecer vueltas por la vida porteña: en ocasiones un empleo, en ocasiones no. En ocasiones algo de carne, en ocasiones arroz. Un día mejor, otro día peor. La vida de Ávalos jamás fue bastante superior que eso. Precaria. En esa precariedad nació hace 34 años su hijo, Mariano. En 1987, antesala de la hiperinflación más grande de la historia argentina, en el final del Gobierno de Raúl Alfonsín. Jugaba a la pelota en los años noventa, cuando el ex presidente, Carlos Menem, anunciaba que un peso era un dólar, presentaba un sistema para viajar a la estratósfera dirigido por Argentina y crecían rápido las riquezas en cada esquina.

A Mariano Ávalos jamás le tocó ni una pepita de aquella fiebre. Por no tocarle, no le tocaba salir de excursión al Museo de Ciencias Naturales, porque no tenía ni DNI. En su vecindario, en la villa de la Cava, no necesitaba archivo, un peso era un peso y la única riqueza que se veía eran las camionetas de los dueños de talleres textiles clandestinos. Cuando ya le tocaba buscar trabajo y continuar aprendiendo, le cayó encima la crisis del 2001 a los 14 años. Vio en la televisión cinco presidentes en una semana. Su padre sin trabajo, él y sus ocho hermanos, sin esperanzas. La vida iba en bajada.

Pero Argentina, tanto como se hunde se está recuperando. Así fueron los primeros años del nuevo siglo, con cuentas equilibradas y un boom de soja entre desde 2003. Parecía que las cosas mejoraban: logró documentarse, estudiar gastronomía y usarse en una Municipalidad. En este momento subía.Y tanto como se está recuperando se hunde. Un nuevo golpe económico, entre 2015 y 2018, empobreció más a Mariano. Se encontraba entrenado para subsistir y siguió adelante. Hasta que llegó la pandemia en 2020. Entonces, sintió el golpe como un derechazo a cámara lenta. Se quedó sin trabajo, su historia se ha detenido. «Ya no tengo sueños», dice Mariano. «Quiero trabajar de lo que sea, ordenarme la vida».

«La economía Argentina rebota después de cada crisis pero ese sube y baja deja siempre la pobreza un escalón más arriba que en el comienzo del período previo», enseña Prat-Gay. «Esa inercia decadente se quiebra sólo con un Programa de Avance que transforme el choque ocasional en desarrollo genuino y que destierre para toda la vida el estancamiento y la volatilidad».

Argentina pasó por inflaciones, endeudamientos, hiperinflaciones, corralito, más inflaciones y quiebras. Cuanto está próximo de caer al precipicio hace aparición un viento conveniente que la salva. Nada se arregla realmente, pero la rueda sigue rodando.

«Es como el jugador en una ruleta. Tras una mala noche pierde sus ahorros, vende el coche y se sube a un taxi, borracho, pensando cuándo lo echarán su mujer y sus hijos de casa, pero entonces… encuentra una billetera olvidada. Dinero fresco! Consigue esconder el desastre a su familia, regresa a divertirse y regresa a arruinarse, esperando de hallarse con otro milagro», cuenta Fabio Quetglas.

Juan Mamani se siente perdedor en este casino. Hombre, 38 años, actúa en el Obelisco, el centro simbólico del país, por no tener trabajo. «Hasta 2019 fui empleado 10 años en una compañía tabacalera. Nos echaron a mí y a 200 compañeros más. En mi pueblo, esa fábrica era la vida. Tuve que venir a Buenos Aires para hallar otro trabajo. Yo tenía proyectos en mi pueblo. Pero en Argentina no podés planear nada», enseña Mamani. «Ni una noche viendo la televisión porque donde vivo te cortan la luz siempre».

Florencio Varela, donde habita Juan, a unos 25 km del centro de Buenos Aires y 120 minutos en transporte público. Se encuentra dentro de los distritos más pobres del país. 70% de los inferiores vive en la pobreza. Las ambulancias no llegan si te enfermas, la policía tampoco llega si te hurtan. Calles de barro. Vecindario de ranchos. «Ni siquiera hay cloacas», aclara Mamani.

En Argentina, una tercer parte de la población no tiene cloacas, una tercer parte padece inseguridad alimentaria, un 12% no posee agua corriente, un 24% vive entre basurales, según el Reporte Deudas sociales en Argentina, de la Facultad Católica Argentina (UCA) que transporta décadas midiendo la pobreza. «Nos hemos habituados a que un 40% de la población viva en la pobreza sin que esto despierte indignación. Es el reflejo de la incapacidad de la clase dirigente de nuestro país para hallar un avance económico inclusivo y sustentable», dice Prat-Gay.

«Tenemos un estado tan ineficaz que transforma cientos de millones de pesos formales del presupuesto público (un 75% va a costos sociales) en dinero negro. Primero, en efectivo que sacan de los cajeros quienes reciben ayudas. Y después utilizando ese dinero ennegrecido en los shoppings del vecindario. Todo un estímulo a la precariedad y a la pobreza», dice Jorge Alvarez de IADEPP, una ONG pensada en argentinos indocumentados. Según un reporte del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), la evasión de IVA va de entre 3.000 a 4.000 millones de dólares. La economía en negro es el enorme territorio en el que se mueven 20 millones de argentinos

«No vas a arreglar la pobreza realizando que la gente usen su tarjeta, pero por lo menos es un sendero para salir de la informalidad y de la pobreza», dice Gabriel Bizama, consultor de ONU sobre inclusión financiera. «Podría aceptar que haya ingreso al crédito para hacer mejor una vivienda o construir un negocio. En Argentina no hay crédito o las tasas son altísimas». El diagnóstico tiende a estar claro en este país. El inconveniente es cómo se hacen las cosas. Consume horas de debates y discusiones ya hace décadas. De esas tertulias sobre qué llevar a cabo con este país había muchas en el Café La Puerto Rico.

En su salón de techos infinitos y columnas de mármol hasta recientemente escuchabas eso tan porteño sobre «lo que pudimos ser y en el final no fuimos». Se fundó hace 100 años, cuando Argentina era una de las potencias del planeta. En sus ventanales se refleja un país distinto. La localidad esplendorosa se ha llenado de familias en portales, niños malnutridos y jovenes arrastrando carretas repletas de cartón. El Café cerró sus puertas por la pandemia de la covid. Sus reliquias tienen que estar a la venta, como un viejo poster publicitario que colgaba de sus paredes: «A los campeones argentinos», conmemoración del Mundial 78. El poster hoy se remata a 5,9 dólares en Mercado Libre, el Amazon latinoamericano».

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