Un guardiacárcel estudió en el penal junto a los presos y será el primer agente en recibirse de sociólogo en prisión

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Cursó la carrera en el Centro Universitario San Martín, en la Unidad Penitenciaria bonaerense n° 48

uando se presentó para trabajar en la cárcel, no imaginaba lo que vendría después. Con apenas 21 años, Rodrigo Altamirano no esperaba encontrarse con otra cosa que lo que todos suponen que es un penal: encierro y no mucho más. Años después, se le abrió una puerta y su profesión dio un giro: comenzó a estudiar una carrera universitaria junto a los presos. Así, se convertirá en el primer agente penitenciario en recibirse de sociólogo tras haber cursado en un penal bonaerense.

“No me imaginaba que iba a tener oportunidad de estudiar acá adentro. Menos con internos. Pero cuando me enteré de que se estaba dando esa experiencia no dudé en inscribirme”, cuenta este joven de 33 años. La entrevista se llevó a cabo en las aulas del Centro Universitario San Martín (Cusam), un espacio educativo creado por la Universidad Nacional de San Martín en el interior de la Unidad Penal N° 48 del Servicio Penitenciario Bonaerense.

“No sabía bien en qué consistía la sociología, pero fue la mejor decisión. La cárcel es un universo que tiene mucho por analizar, por descubrir. Se pueden hacer muchas cosas por el lado de las ciencias sociales acá adentro”, añade Altamirano.

Su trabajo actual es en la sección de control de vigilancia y tratamiento. Entre otras cosas, allí se realizan los informes de seguimiento de los presos, sobre la libertad condicional, el cambio de régimen, etc. “Esta carrera me dio otra mirada sobre mi trabajo”, asegura.

Dar el ejemplo

Altamirano ya entregó su tesis, que deberá defender el próximo 18 de septiembre para obtener el título de sociólogo. Se convertirá así en el primer agente penitenciario en recibirse tras haber estudiado, junto a presos, dentro del contexto carcelario bonaerense.

“Trato de tomarlo con perfil bajo. Sé que es importante, pero trato de no pensarlo. De seguir con los pies sobre la tierra. Soy consciente de que es algo inédito”, cuenta.

“Calculo que a algunos compañeros les generaré un poquito de curiosidad, de ganas de estudiar. Varios ya me han preguntado. Trato de incentivar el estudio porque creo que es una herramienta fundamental. Y el estudio en el trabajo es una gran oportunidad. Lo contás y no te lo creen”, detalla el agente.

El ejemplo que este joven quiere dejar, también es hacia afuera. “Tengo dos hijos. Ellos son muy chicos todavía para entender esto que estoy viviendo. Tienen 6 y 2 años. Pero el día de mañana espero darles un ejemplo: la importancia del estudio”, dice. Y añade: “Mi mujer es docente, así que creo que ambos estamos dejando un legado que esperemos que lo sepan aprovechar”.

Un contexto particular

En el Cusam, que funciona dentro del penal de San Martín, la lógica penitenciaria pareciera pasar a un segundo plano. Allí, los presos se convierten en estudiantes, el ambiente se relaja y el encierro no oprime tanto. Lo que se pone el valor es la excelencia académica y la relevancia de la educación para la vida y para reformular los vínculos.

“Consideramos que los agentes penitenciarios son compañeros de clases de los presos. Ese es el punto que nos une. Es una experiencia única. No siempre hay conciencia de la importancia social de la tarea del personal penitenciario”, dice a LA NACION Natalia Ojeda, directora de Cusam. “Pensamos que así estamos jerarquizando al personal. Creemos que es un proyecto que puede brindar una herramienta alternativa a la cuestión de la seguridad, construir otra mirada”, explica.

El caso de Altamirano, uno de los cinco agentes penitenciarios que estudian junto a los presos, permite ir todavía más allá en ese cambio de lógica.

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