El aumento de los combustibles en Brasil puede costarle la presidencia a Temer

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La huelga de camioneros, iniciada el lunes, desató una de las crisis más graves desde que Michel Temer asumió hace dos años como presidente de facto. Hoy hubo bloqueos en las rutas de al menos 24 estados en demanda de la baja del precio del diesel que se encareció más del 50 por ciento desde julio debido a la nueva gestión “empresarial” de Petrobras. Según la Asociación Brasileña de Camioneros, una de las entidades responsables del paro, alrededor de 300 mil vehículos participan en la obstrucción de las carreteras federales y estaduales.

Los piquetes impiden la circulación de los camiones tanque, por lo cual hoy circularon menos colectivos urbanos en San Pablo, Río de Janeiro y otras capitales.

Tampoco se permite el tránsito de los camiones con alimentos, a raíz de lo cual comenzaron a escasear algunos productos en los supermercados así como en en los centros mayoristas de frutas y verduras: el precio de la bolsa de papas de 20 kilogramos saltó de 70 reales (19 dólares) a 300 (80 dólares) en Río de Janeiro. En Minas Gerais fueron desechados 16 millones de litros de leche por día ante la falta de transporte.

La Compañía de Almacenes de San Pablo, el mayor mercado de abasto de América del Sur, informó la falta de verduras, melones, sandías, mamones y frutos de mar.

Las exportaciones, especialmente de granos, cayeron en picada con el impedimento del ingreso de vehículos a los puertos de Santos, en San Pablo, y Paranaguá, en Paraná.

Trece aeropuertos comenzaron a tener problemas por falta de kerosene. El de Brasilia informó que sólo autoriza el aterrizaje de aviones que no necesiten reabastecerse de combustible. Latam y otras compañías aéreas comunicaron a sus clientes de todo el pais que no cobrarán multa por el cambio de vuelos ante la posibilidad de que la crisis se profundice en los próximos días.

El desabastecimiento hizo trepar hasta 10 reales (2,9 dólares) el litro de nafta en algunas estaciones de servicio de Brasilia, a pocas cuadras del Palacio del Planalto, donde Temer se reunió hoy con Pedro Parente, el titular de Petrobras, en busca de una respuesta a las demandas de los transportistas.

Parente prometió que, a pesar del paro, mantendrá su política de precios atada a la variación del valor del barril del petróleo en el mercado internacional. Al contrario de lo que ocurría en las gestiones del PT, cuando el valor estaba regulado a pesar de las presiones de las multinacionales.

La crisis parece haber devorado la credibilidad de Parente en el mercado – que era alta–, ya que las acciones de Petrobras se desplomaron casi un 14 por ciento en la apertura de la Bolsa de Valores de San Pablo. “Parente tiene que renunciar y ser acusado de delito de lesa patria”, propuso Paulo Pimenta, titular del bloque de diputados del PT.

La depreciación de las acciones de la petrolera está en consonancia con la casi nula autoridad de Temer, del Movimiento Democrático Brasileño (MDB), que hace dos días desistió de ser candidato a la presidencia en las elecciones de octubre: tiene el 0,9 por ciento de intenciones de voto y su gobierno es rechazado por el 72 por ciento de los encuestados. Su impopularidad y falta de comando parecen haber llevado al país a una crisis de ingobernabilidad. Ni sus aliados le responden. Las críticas a la política petrolera surgen hasta del oficialismo. La senadora “emedebista” Simone Tebet cuestionó en el recinto a Parente, le pidió que bajara los precios y le exigió “un poco de brasileñidad”. Luego habló el senador petista Humberto Costa, quien culpó a Temer y a los administradores de Petrobras de “haber hundido al país en un caos sin precedentes”.

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